La bohemia y Buenos Aires

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Las palabras se alargan y arrastran. Llevan tildes donde la gramática no lo permite. Ella pasea por calles con adoquines irregulares mientras mira a su alrededor, exhausta de tanto observar cada detalle. Le cuesta andar sin tropezarse.

Está entrando a San Telmo, donde las casonas que la rodean imponen con su decadencia desmedida. La hierba hace tiempo que han empezado a trepar por las fachadas, esas que dejaron de tener color para pasar a ser piedra envejecida. Las ramas entran y salen de las grietas, y de fondo, ese ritmo. Ese que tantas veces había oído y relacionado con aquella lejana ciudad que ahora se había convertido en la más cercana. Esa que emana una sensación a una Europa que ya no existe.

Tango. Una pareja hace las delicias visuales para los objetivos de los turistas, que fotografían ese trenzado de piernas imposible. La bohemia se pierde en las esquinas. Difícilmente esquiva las miradas de aquellos que aún hoy la buscan como atracción turística.

Ella camina. Sigue escuchando ese ritmo junto con ese acento seductor de vocales arrastradas y piruetas literarias que llena sus oídos. Entra en esa librería, buscando, como todos, la bohemia olvidada en un rincón. Parece encontrarla, pero se vuelve a perder entre el polvo. Estornuda pidiendo perdón.

Gardel. Suena de fondo. La bohemia. Ella sigue buscando. Y volverá a buscarla.

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Una respuesta a “La bohemia y Buenos Aires

  1. Muy chuli entran ganas de pasear por la ciudad….ánimo paseanta callejera….

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