Para bien o para mal

Hacía tiempo que no escribía lo lejos que se sentía de todo. Para bien y para mal. Cuando le preguntaban qué hacía aquí a veces se inventaba que había huido de una historia demasiado larga para contarla. Otras veces simplemente decía que necesitaba nuevos aires.  Pero la mayoría de las veces le echaba la culpa a las cifras del paro.  Daba menos para preguntar. Normalmente con un “claro” condescendiente se cerraba una conversación que podría llegar a ser interminable.  Lo único cierto es que  aquí estaba. Fuera por lo que fuera. Y lejos de todo. Para bien. Pero a veces, también para mal.

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Foto: A Santiago no le hacen falta murallas

 

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