Fuera, muy fuera

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Siempre me ha fascinado cómo los acontecimientos, vistos desde fuera, cobran una nueva perspectiva que te hace entender el todo muy distinto a como lo veías cuando estabas dentro. Y yo estoy fuera, muy fuera.

Ha pasado un tiempo, cuatro meses. El tiempo necesario para para desconectar pero lo suficiente para saber que la situación no ha mejorado mucho.

Si tan sólo fuera por las noticias que llegan de los medios chilenos, se podría decir que en España todo está genial. Estamos remontando económicamente, Rajoy visita Obama y a Alexis lo quieren fichar en el Real Madrid. (Sí, Alexis es la primera noticia que llega de España). Como mucho construimos un puente al revés y nos convertimos en el chascarrillo del mes en Chile.

Pero soy periodista. No lo puedo evitar. Todas las mañanas cuando llego al trabajo, abro el correo, reviso los periódicos chilenos y las noticias más relevantes, y acto seguido abro el periódico español. Sí, el que abrimos todos por mucho que odiemos y pensemos que ya no es lo que era. Leo una a una las secciones que me interesan, no voy a mentir, no entro en la sección de deportes. Y abro cada una de las noticias en una pestaña diferente. Para leerlo con detenimiento, tranquila. Tranquila ahora, que estamos en febrero (agosto) y la noticia más importante aquí es cuándo van a dar de alta a las hijas gemelas, Libertad y Esperanza, de la ministra de Justicia chilena (no es broma, ni siquiera los nombres).

Y es entonces cuando empieza la mañana. No voy a enumerar los derechos que hemos perdido en estos cuatro meses. No hace falta. Sólo diré que estoy fuera, muy fuera. Y duele. Entran ganas de gritar tu historia sabiendo que no es la única, ni la peor. Que me gustaría verlos a ellos aquí, haciendo cola en extranjería para un visado, que por suerte, aún está fácil de conseguir. Que no estoy de vacaciones, que no llego a fin de mes, ni he ido aún al San Pedro de Atacama porque aquí se trabajan 45 horas semanales y los viernes salgo tan tarde que no me queda ni fin de semana, ni fuerzas para viajar, que no sé cuándo podré ahorrar para comprarme un billete de avión de 28 horas con 3 escalas y volver de visita. Y que encima tengo suerte, mucha más que muchos, y por tanto debo quejarme un número limitado de veces.

Pero los gritos se convierten en odio cuando entras en Twitter. Ahí cambia definitivamente. Antes de comer, un vistacillo. Y las comidas rápidas de menú del día se convierten en tertulias de expatriados con exabruptos varios donde la conclusión sigue siendo la misma, pero la impotencia aumenta. Estamos fuera. Quéjate con límites.

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Y aún así, por si fuera poco, queda una cuarta fase. Esa en la que llamas a casa por Skype, se oye El Intermedio de fondo y te cuentan qué Gamonal toca esta semana. Esa en la que todos te dicen que no se te ocurra volver. En la que te cuentan que no te fíes. Que aquello está peor. Que cuando creías que ya se habían acabado los insultos que echar a la cara a los ciudadanos, aparece el ministro de Interior diciéndonos que Santa Teresa intercede por nosotros, o un grupo de mujeres aplaude a un ministro misógino que acaba de aprobar la ley más retrógrada e irrespetuosa de la legislatura. Pero que no te olvides de que tienes suerte. Que estás fuera, muy fuera.

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Una respuesta a “Fuera, muy fuera

  1. <Me gusta el artículo. El otro día había una viñeta en un periódico en el que las mujeres que aplaudían se defendían diciendo "es que nosotras no somos mujeres….somos señoras…..(señoras del pp, claro).
    Buen trabajo. Sigue escribiendo.

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