Reflejos

mvm

Había llegado con tiempo a coger el autobús. A estas horas no había muchos y no me apetecía tener que esperar otra hora si perdía este. Ya había gente esperando en la parada, como siempre. Me acerqué a ver los horarios con miedo a que mi memoria me hubiera fallado. Pero no. En 5 minutos llegaría. Miré alrededor. Las paradas de autobuses nocturnos suelen ser todas iguales: oscuras, llenas de personas solitarias con miradas perdidas y caras cansadas, y alguna que otra pareja que odia tener que esperar una hora para poder meterse en la cama.

El autobús llegó y subimos lentamente, aliviados de poder sentarnos por fin. Ya estábamos todos preparados para quedarnos dormidos. El conductor arrancó y cerró las puertas. Yo cerré los ojos y apoyé la cabeza contra el cristal. Pero no habían pasado ni dos segundos cuando el conductor frenó de golpe y abrió las puertas. Una chica subió los escalones corriendo y le dio las gracias sin apenas aliento. El conductor volvió a cerrar las puertas y yo a intentar cerrar mis ojos mientras la chica escalaba el pasillo, agarrada a los asientos para no caerse. Pero no pude cerrarlos, ella me miró fijamente y se sentó en el asiento de detrás de mi, pegada a la ventana.

Me coloqué mejor. Ya no podría dormir. Sentía su respiración todavía entrecortada en mi nuca. Quise girarme y mirarla pero fue entonces cuando la vi en el reflejo del cristal. No era fácil mirarla así, pero de reojo podía ver todos sus movimientos. Llevaba un pañuelo rojo y una cara cansada. Estaba rebuscando en su bolso cuando sacó un boli, un pedacito de papel y un libro. Comenzó a leer. Walden, de Thoreau. Un buen libro, pensé. A veces paraba y escribía en el pequeño papel. Supuse que frases interesantes del libro. Yo también lo hacía y tenía siempre los bolsillos llenos de pedacitos de papel.

Me gustaba mirarla a escondidas. Me gustaban sus finos párpados sobre unos ojos que no paraban de seguir líneas y líneas. Me gustaba su forma de sujetar el libro, delicadamente, como si se fuera a romper en cada cambio de página. Me gustaban sus finos dedos que de vez en cuando soltaban la página para apartar un mechón de pelo. Ella no sabía que vigilaba todos sus movimientos y eso la hacía más libre.

Pero pronto dejó el libro sobre su regazo y miró por la ventana hacia la oscuridad. Nuestras miradas casi se cruzaron en el reflejo del cristal, pero conseguí esquivarla. Todo se habría acabado si se hubiera dado cuenta, pero no me había visto. Volví a colocarme mejor para volver a mirarla de reojo en el reflejo. Ella, con la mirada perdida en la oscuridad de la carretera, apoyó la cabeza en el asiento. Sus ojos eran grandes pero tristes. El mechón había vuelto a molestarle y volvió a apartarlo delicadamente. Y poco a poco se sumió en un mundo ajeno al nuestro.

Me gustaba mirarla. Me gustaba sentirla cerca y analizarla. Protegía cada uno de sus pensamientos con mi mirada. Se había marchado a su mundo mientras yo vigilaba en éste. No me importaría mirarla cada vez que se volviera a marchar. Pero estábamos llegando ya y pronto todo terminaría. Ella se marcharía y nunca sabría que yo custodié cada uno de sus movimientos mientras ella se introducía en su mente.

La gente comenzó a despertarse y poco a poco fueron bajando en sus paradas. Temía el momento en el que ella se bajara y desapareciera entre la oscuridad de las calles. No quedaba mucha gente en el autobús. Por el reflejo vi que comenzó a moverse. Guardó el libro, cerró el bolso y levantó la cabeza hacia la ventana. Fue extraño pero me miró fijamente a los ojos por el reflejo del cristal y me sonrió. Sonrojado, bajé la cabeza y me miré los pies pero no duré mucho. Necesitaba verla y volví a mirarla.

Ella ya se había levantado. Esperaba en el pasillo a que el conductor abriera las puertas del autobús. Cuando pasó por mi lado, se le cayó el pedacito de papel que había utilizado para escribir las frases. “Perdona, se te ha caído esto” le dije recogiéndolo y mirándola por primera vez sin un cristal de por medio.

“No”, me dijo con una sonrisa, “creo que es tuyo”. Me miró a los ojos, se giró y bajó los escalones. La seguí con la mirada y la vi desaparecer entre la oscuridad de las calles. Entonces desdoblé el papel y leí.

Mañana no te escondas tras el reflejo de un cristal

.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s