Color miel

Cruzo la esquina y no me atrevo a mirar. El viento me sacude en la cara, me despeina mientras me termino de subir la cremallera del abrigo. Cuando consigo deshacerme de la estúpida cobardía que me ha estado siguiendo toda la mañana, levanto la mirada. Ahí está él, delante de mí, encogido y con la nariz roja. Sonríe. Recuerdo que sigue siendo la misma sonrisa que siempre me hace estremecer y, como si tuvieran vida propia, mis labios dibujan otra sonrisa para responderle. Tanto tiempo sin vernos me ha hecho imaginar este momento infinidad de veces, pero en todos ellos, siempre decía una frase inteligente que le hacía reír, ahora, simplemente no digo nada. Sólo espero un movimiento que me ayude a dar el siguiente paso. Todo un largo segundo de espera en el que me planteo todos los movimientos posibles de un saludo. Al fin él da el paso, se acerca lentamente, apoya su mano derecha en mi hombro y su mano izquierda rodea mi cintura mientras mis brazos entrelazan su cuello y mi cabeza se apoya en su hombro. Seis años, pienso. Seis largos años sin poder abrazarlo.

Despacio, como si no quisiera separarse, da un paso hacia atrás, nos miramos a los ojos y recuerdo que los suyos eran de color miel y que me desnudaban cada vez que se paraban en mí. Comenzamos a andar. No sé dónde vamos. No quiero saberlo. Sólo caminamos, y caminamos. Un parque, una calle nevada, un río helado, una bicicleta apoyada en la pared, una cafetería olvidada al final de un callejón, una mesa escondida, una vela apagada, un sofá, una copa de vino, un cigarrillo, otra copa de vino. Su sonrisa vuelve a estremecerme. Sus ojos color miel vuelven a desnudarme. Y, sin avisar, mis labios (con su recién conseguida vida propia) se acercan a los suyos, rozándolos levemente, como si sólo quisieran conocerse. Sabe a mujeres y a tabaco. Seis años, pienso. Seis largos años. Y noto su respiración profunda y tranquila. Me alejo, le miro y le desnudo.

Despacio, como si no quisiera separarse y sin dejar de mirarme, se levanta, coge su abrigo y empieza a andar. Al salir, cierra la puerta con cuidado. El viento le despeina y se aleja hasta que no consigo verlo. Pido otra copa de vino, saco un cigarrillo y lo enciendo con cuidado. Aún me tiemblan las manos. Las apoyo en la mesa y pienso, seis años. Seis largos años.

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2 Respuestas a “Color miel

  1. Cuando escribas un libro, que sepas que pienso fundar tu club de fans.

    • …y yo, unirme.
      Me encanta este lavado de cara que le has hecho al blog. A pesar de la avalancha de cosas universitarias por hacer, mucho ánimo para actualizar: lo estamos esperando 🙂

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