Un poquito de opinión

Ya ha pasado un verano. Tres largos meses que si miras hacia atrás parecen tres días. Tres largos meses en los que España se convirtió en campeona del mundo y en el ejemplo de cómo un país puede lograr paralizarse durante 90 minutos. Cataluña logró la prohibición de las corridas de toros pero no los Correbous, es más, los han blindado y ahora se han convertido en intocables. 33 mineros chilenos han permanecido bajo tierra esperando a que una taladradora gigante llegara a rescatarlos mientras el campamento en la superficie se convertía en el camping más famoso del planeta. Francia ha decidido expulsar de forma masiva a los gitanos europeos como medida para “mejorar la seguridad”, un gran eufemismo de xenofobia digno de ser estudiado por los mejores lingüistas del mundo. Tomás González gana sorprendentemente, las primarias del PSOE en Madrid. El concejal de urbanismo de Murcia y su fiel séquito son imputados por malversación de fondos públicos, demasiado evidente para que tardara mucho más. Y para concluir, los sindicatos españoles, además de los de otros países europeos convocaron una huelga general para luchar por los derechos de los trabajadores, que en tiempos de crisis, parece ser que está estipulado por las normas divinas del capitalismo, que pueden dejar de cumplirse.

¿Un verano aburrido? Yo diría que de los más moviditos en muchos años. Un poquito de polémica por aquí, un poquito de injusticias por allí, una pizca de entretenimiento estival y voilá, la mezcla perfecta para mantener entretenidos a los ciudadanos durante sus vacaciones.

En lo que no se duda que coincidan todos los veranos es en la conformidad. Frases como “no perdona, yo estoy de vacaciones, déjame descansar” o “¿mover un dedo? Mis neuronas no entienden ese concepto cuando están tomando el sol en una tumbona.” han estado a la orden del día. Así que por ahora, todo se queda como está.

Comienza un nuevo curso. Para mí un poco más tarde que para los demás (de ahí esta entrada un poco tardía). Comencemos con el buen pie, o con el malo, pero con cuidado.

Por ahora, os dejo con una recomendación de una película y con una canción con mucha historia que contar para que la neurona que ha estado tumbada tanto tiempo empiece a ponerse en marcha con un viajecito a una manifestación por los derechos civiles en las calles del Londonderry (Irlanda del Norte) del 72 que acabó siendo el mejor ejemplo de lo contrario.

Película: Bloody Sunday de Paul Greengrass

Canción: Bloody Sunday-U2

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