Cinco horas con Cuco

-Buenas noches. ¿Todavía despierta?

-Así es, no se si es el calor o mi cabeza que todavía no ha conseguido parar, pero esta noche, no puedo dormirme. ¿Quién habla?

-Nunca había venido antes, vi la luz desde la ventana, y me decidí a entrar. Sé que no puedo estar aquí, pero esa no es suficiente razón para que no lo esté.

-No te escondas, haciendo eso no conseguirás alargar tu estancia. Da la cara. Mírame. ¿A qué has venido?

-Nunca he tenido un hogar ¿sabes? De todos los rincones acaban echándome, y vivir así no es fácil. A ti todo te ha salido a pedir de boca. Uno padres que te quieren, una casa acogedora. Nunca has tenido problemas. Demasiado mimada diría yo.

– ¿Ah sí? ¿Eso crees? ¿Y quién eres tú para presentarte aquí, en mi casa, e insultarme de esa forma?

-Es verdad, perdona.  No me he presentado. Me llamo Cuconcio, pero todos me llaman Cuco. Te daría la mano, pero… bueno, ya ves, es un poco frágil.

-Y ¿qué es lo que quieres?

-No lo sé. ¿Charlar? ¿Te apetece? O bueno, debería hacer un poco de ejercicio, tanta comida está haciendo estragos en mi forma física y ahí debajo de la cama parece que tienes mucho espacio. ¿Te importa si hablamos mientras corro un poco?

-Hombre, me va a resultar un poco extraño, nunca antes lo había hecho y, bueno, estaba leyendo un poco, pero siempre puedo seguir después.

-¿Qué lees?

Cinco horas con Mario. Me lo recomendó una amiga a la que le gustó mucho. No creo que lo conozcas…

-Sé cual es, me lo leí hace años. Viví en una biblioteca. Me gustó mucho. Pobre Delibes, cuantas horas pasé yo velando su muerte.

-¿Estuviste en su velatorio?

-Sí, también viví en Valladolid una temporada. Una ciudad muy bonita, por cierto.  La verdad es que fue un velatorio un tanto mediático. Tuve que llevar mucho cuidado de que no me pisaran las miles de personas que pasaron a verlo durante el día. Pero esa noche no hubo ninguna Carmen llorando, ni Biblia alguna sobre la mesa. O al menos yo no la vi. Sólo estuve yo, hablándole. Pobrecito, como no le conocía personalmente sólo pude hacerle una crítica extensa de todas sus obras, menos de la de La Primavera de Praga. Esa todavía no la he podido encontrar. Ahora lo pienso y fue un acto un poco egoísta, hablarle durante horas y horas de lo que me habían parecido a mi sus libros. Pero bueno, alguien tenía que reproducir sus Cinco horas con Mario, ¿no crees?

-Me sorprendes. El velatorio de Delibes, sus obras, La Primavera de Praga… Yo sí me la he leído. Una gran reflexión, sobretodo si te la lees cuando vuelves de Praga. Aunque no es necesario ir a Praga para entenderla. Para nada. Está en esa estantería.

-¿Qué son todos estos papeles que hay encima de la mesa?

-¡Ah! ¿Ahora estás ahí? Nada, son apuntes.

-Estos no parecen apuntes.

-No, esos no. Esos son mis cosas. No los leas.

-¿También escribes?

-Sí, me gusta escribir. Pero esas son cosas sin sentido y mal escritas. Les falta mucho trabajo. Sólo bocetos. Culpa del insomnio.

– No lo leeré si no quieres, pero ¿sobre qué escribes?

-Recuerdos, miedos, personas que me encuentran, vidas que no existen…

-¿Escribirás sobre mí?

-Me has encontrado ¿no?

-¿Y qué escribirás?

-No lo sé. Nuestro encuentro.

-Seguro que acabas hablando de la muerte.

-¿Qué tiene que ver?

-Tiene todo que ver. Es un recuerdo del futuro, es un miedo a gritos, te encuentra, es una vida que no existe… ¿no escribías sobre eso?

-Si, pero tú eres una cucaracha. No eres la muerte, ¿no?

-Ja ja. Hasta ahora no.

-Menos mal… ¿A dónde vas ahora?

– A la ventana. Seguro que entra mucha luz por aquí por las mañanas… Estoy a gusto aquí. Es una buena habitación. Y me gusta hablar contigo. Es agradable. Me quedaré.

-No puedes quedarte, y lo sabes. Es agradable sí, pero te tienes que marchar.

-No, me quedo. Estoy harto de marcharme de todos los lugares agradables que encuentro. Esta vez me quedo.

-Ya te lo he dicho, no puedes quedarte.

-Me da igual lo que me digas. Me pienso quedar. Además, es imposible cogerme. Corro más que tú y tengo la posibilidad de meterme por sitios por los que no podrías entrar nunca. ¿Quieres intentarlo?

-Yo no puedo pero…

-¿A dónde vas? Oh… vale, ya veo. A por el insecticida.

– No me gusta que jueguen así conmigo así que para o lo utilizo. Deja de reírte. ¿Qué tiene esto de gracioso?

– Te lo he dicho, escribirás sobre la muerte.

-Si te niegas a cooperar, no me quedará otro remedio. No quiero matarte. De verdad. Me pareces una cucaracha muy inteligente, con la que se puede mantener una buena conversación. Faltan humanos así, te lo puedo asegurar. Pero no puedes quedarte aquí.

-Me voy a quedar. Estoy harto de huir. No puedo más. Sé que me matarás, pero mejor mi muerte que la tuya. A ti te queda mucha vida por delante. Yo ya he vivido todo lo que tenía que vivir. De lo único de lo que me arrepiento es de no haberme leído La Primavera en Praga. Supongo que no todo se puede tener en esta vida.

-Toma. Lo tengo por aquí, creo… Aquí. Es cortito. En un par de horas te lo puedes leer. Y todavía son las 5. Tienes dos horas. A las 7 se levantan todos y tendrás que decidirte entre marcharte o morir. Y mientras estaré en mi cama leyendo.

-¿Sigues aquí?

– Te has dormido. Son las 7.

– Ya, ha debido de ser mi insomnio que me ha dado una tregua. Pero ¿por qué sigues aquí?

-He decidido. Me quedo.

– ¿Estas segura?

– Lo estuve desde que llegué.

-Lo siento de verdad. No quería hacerlo. Pretendía despertarme y ver que ya no estabas.

-Sabía que tarde o temprano pasaría. Mejor que lo hiciera una persona que me ha permitido conocerla, aunque fuera un poco, a una niña histérica en la calle con un simple y odioso pisotón.

-Espero que no te duela.

-No duele. Sólo adormece. No me enteraré de nada. Aprieta el spray.

-Lo siento, de verdad.

-Espero que cuando termines el libro te guste tanto como me gustó a mí o a tu amiga.

-Gracias.

-Y sigue con el texto de la luna. Una gran historia. Espero que fuera autobiográfica.

-Sí, lo es, aunque tengo que mejorarla mucho.

-Hazlo, la historia merece la pena…Creo que ha llegado el momento. Buenos días y gracias

-Adiós.

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2 Respuestas a “Cinco horas con Cuco

  1. No sé si decirte que te adoro por cómo escribes y que crearé tu club de fans cuando seas escritora, o decirte que tienes un problema por hablar con cucarachas, o que cuando he caído en que era una cucaracha he puesto cara de asco xD

  2. noooo! ¿Te molestaba la pobre cucaracha? ¡Si sólo quería vivir en la ventana!

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