Niños con dos familias

Alrededor de 200 niños saharauis viajan a Jaén en verano con la Asociación Amigos del Sahara Libre

Foto de Asociación de Amigos del Sahara Libre

Foto de Asociación de Amigos del Sahara Libre

Almudena Rascón Alcaina

El sol, dando un respiro, se pone tras las dunas. De las tiendas de campaña empiezan a salir  hombres, mujeres y niños. Los niños comienzan a jugar en calles de arena. No tienen muñecos, tampoco tienen agua potable, ni siquiera una casa con paredes de ladrillos. Viven en Tinduf (Argelia), área donde se encuentran los campamentos de refugiados saharauis. Algunos de ellos se marchan a España en verano gracias al programa “Vacaciones en Paz” de la Asocación Amigos por el Sahara Libre, una asociación sin ánimo de lucro que lucha por la independencia del pueblo saharaui y por la mejora de sus condiciones de vida.

Este programa permite que alrededor de 200 niños de entre 6 y 7 años puedan vivir durante al menos dos meses al año en la provincia de Jaén. Una vez en Jaén la mayoría de ellos reciben, atención médica, vacunas y alimentos dignos. Sin embargo, algunos de ellos tienen que quedarse  durante más tiempo debido a enfermedades que no pueden ser tratadas o que empeorarán por las condiciones de vida de los campamentos de refugiados.

Una de las familias de acogida es la de Isabel Mesa, coordinadora de zona de la Asociación. Por su casa han pasado siete niños y niñas. Describe su experiencia como “muy positiva”. Según  afirma Isabel Mesa para ellos no era suficiente traerlos sólo en verano ya que “aquí comen todo el año”.

Hoy en día con esta familia todavía residen dos de ellos, Bedid y Cheyak de 15 y 19 años respectivamente. Ambos tuvieron que alargar su estancia en España debido a diferentes enfermedades. Los dos coinciden en que las condiciones de vida en España son mucho mejores que en el Sahara y que aquí tienen muchas más oportunidades para desarrollarse.

Sin embargo, a la Asociación se le ha reprochado en algunas ocasiones el hecho de mostrar a los niños un mundo muy desarrollado para luego devolverlos a su hogar, un lugar donde viven en duras condiciones y donde no pueden satisfacer sus necesidades de forma semejante a España. La Asociación responde a estas críticas apoyándose en la experiencia de los casos de reinserción de los niños que han vuelto. La reintegración de estos niños es absoluta en la gran mayoría de las situaciones. Javier Rascón, secretario de la Asociación, explica que “aquello aunque es un desierto inhóspito, para ellos es donde han nacido y han crecido”. Los niños, cuando regresan, “vuelven al calor de su familia”.

“La “Caravana de la Paz”

La Asociación lleva a cabo además otras muchas actividades para la integración de estos niños en la sociedad y para la concienciación y obtención de ayudas.

Este año, por ejemplo, se ha llevado a cabo la primera Carrera Popular Solidaria en la que se busca la unión de la cultura saharaui y andaluza, además de cenas benéficas para conseguir ayudas o recogidas de alimentos para la llamada “Caravana de la Paz”.

Este programa es otra de las actividades esenciales de la Asociación. Con las ayudas económicas y la recogida de alimentos que obtienen en Centros Públicos Educativos, Ayuntamientos y otras instituciones a lo largo del año, se realizan una serie de expediciones a los distintos campamentos con el fin de hacerles llegar dichas ayudas obtenidas.

Según Isabel Mesa, las ayudas allí se esperan “como agua de mayo” ya que el suelo del desierto del Sahara no produce alimentos y carecen de los productos básicos a los que nosotros estamos tan acostumbrados. Desde los típicos pero útiles paquetes de lentejas y arroz hasta compresas o papel higiénico son allí productos de lujo que no fáciles de conseguir.

Aunque no todo se transporta desde la península. La Asociación ha conseguido construir a lo largo de su historia siete invernaderos que han llegado a dar frutos en medio del desierto. Sin embargo, tarde o temprano, todos ellos son destruidos por el Siroco -violento viento del Sahara que se caracteriza por ser muy seco y caluroso-.

A estas expediciones hay que añadir los viajes anuales que realizan numerosos vecinos de la provincia, sobre todo médicos especialistas. Alrededor de cien personas especializadas “se guardan” su mes de vacaciones para realizar estas expediciones y desplazarse a las diferentes aldeas del desierto. De forma no lucrativa  levantan un hospital de campaña que trata a los habitantes de la zona con enfermedades que debido a las condiciones de vida del Pueblo Saharui, no se podrían curar de otra forma.

“No veo nuestras vidas sin ellos”

Muchos de estos niños  que viajan a España ven por primera vez calles asfaltadas, baños alicatados o piscinas, pequeños detalles que para nosotros pasan inadvertidos pero que para ellos son otro mundo en el que tienen que aprender a vivir.

Pero para las familias de acogida tampoco es fácil. Algunos de los chicos que llegan a España por primera vez sólo hablan árabe y han crecido aprendiendo unas costumbres muy distintas a las españolas. Sin embargo, ambas partes aprenden a convivir en multiculturalidad y tolerancia. Las familias coinciden en que lo que se recibe siempre supera cualquier dificultad y esperan que en un futuro, esta opinión sea cada viz más generalizada.

“No volvería a vivir allí”

Cheyak Embarek Moulud tiene 19 años y 13 de ellos los ha pasado en Jaén. Lo primero que hizo al pisar España fue ponerse a llorar, echaba de menos a sus padres y se encontraba en un país desconocido con una familia nueva. Una enfermedad le obligó a viajar a España para someterse a una operación quirúrgica. La enfermedad fue tratada y controlada, pero el tratamiento impedía que volviera al Sahara, un lugar donde no hay médicos especialistas que lo traten. Doce años más tarde recuerda entre risas que lo que más le sorprendía era que “al pulsar solamente un botón se encendiese una luz y al abrir el grifo saliese agua”.

El pequeño de una familia de 12 hermanos ha viajado en cinco ocasiones a “27 de Febrero”, un campo de refugiados en Argelia, pero  su casa está en Jaén,  sus padres de acogida son “papis” y  cuando habla tiene un fuerte acento andaluz que choca con su pelo negro y su piel morena.

No obstante, Cheyak no es español. Consiguió la nacionalidad argelina por haber nacido en los campamentos de refugiados del área de Tinduf  (Argelia), pero sus trámites para conseguir la nacionalidad española todavía están en proceso. La solicitud la  hizo hace dos años y sigue esperando el resultado.

Todavía no tiene claro qué es lo que quiere estudiar cuando termine el instituto, lo que sí tiene claro es que estudiará en España. Sólo piensa volver al Sahara a hacer una visita a su familia pero no le gustaría volver a vivir allí.

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Una respuesta a “Niños con dos familias

  1. Muy bien descrita la problemática humana del pueblo saharaui, y la vivencia de las familias de acogida, que son muchas.
    Enhorabuena.

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